martes, 14 de mayo de 2013

El viento cesó,


pero aquella amapola  mustia siguió zarandeándose. Con fuerza. Con ganas de seguir viviendo. Con esperanza.
Bailaba. Ella bailaba. Un flor desalentada, prisionera de unas consecuencias ajenas. Bailaba para recuperar su color. Bailaba para conmover al mundo. Bailaba para liberarse, para romper un yugo que duraba ya demasiado. Bailaba, musa de artistas. Bailaba, atracción de las aves. Bailaba, diferente, única, extraña.
Amapola viva y libre, amapola bailarina.
Amapola que rompió sus raíces. Amapola que se liberó. Amapola que murió al acabar con lo que era. Que murió diferente, única, extraña...


No hay comentarios:

Publicar un comentario