Desgrano los recónditos rincones de mi existencia, esperando encontrar un mínimo lugar que no recuerde tu presencia.
Buscando una sóla parte intacta, imperecedera y perteneciente únicamente a mi ser.
Pero es imposible.
Es imposible, porque si una persona toca tu corazón, lo envenena, y el empalagoso y asesino licor, con su pútrido aliento bien enmascarado, circula por tus venas y se expande por todo tu cuerpo, libre, sin descanso y sin temor.
Sin consecuencias válidas.
Sin obstáculos existentes.
Y cuando llega al cerebro, no hay vuelta atrás.
No hay comentarios:
Publicar un comentario