Una a una, a sus pasos, se iban aplastando las flores, bajo sus pies. Bajo el peso de una despedida insostenible.
Bajo el peso de un amor perdido en el tiempo medido en canciones.
Un amor entre las calles de Buenos Aires, entre tangos y guitarras sin cuerdas.
Y tocaba retirarse, dejando atrás tanta luz, tanta musa que no inspira, tantos vasos medio vacíos y tantas rancheras sin terminar.
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