Camino sin prestar atencion a mi alrededor; tengo un
destino, pero mi memoria me guía, y no me hace falta nada más.
Escucho el sonido demis botas de flecos al moverse, y sin
saber como ni por qué, me transportan a otro sitio...
Permiten que mi alma me abandone, dejando el corazón tan
destrozado como siempre dentro del pecho, no hace falta allá donde ella va;
sólo se lleva mis pensamientos, todos, y no deja ni rastro en mí. Y sube,
inexorable, zigzagueando entre las espesas nubes, hacia un cielo turquesa que
cada vez está más cerca. Y pasea entre prados verdes, y nada en las
profundidades del océano, y hierve entre el magma de los volcanes...
Y vuelve. Fresca, hermosa, purificada... Vacía. Y en lugar
de ser ligera, mi corazón se aplasta bajo su peso. Y todo muere con él.
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