martes, 14 de mayo de 2013

Perdida en una niebla de recortes de prensa



Con las manos llenas de pegamento y pintura y una mancha de tippex sobre la ceja derecha, provocada por una caricia inoportuna después de un tachón necesario.
No me atrevo a acariciar la cubierta de tela estampada de mi libreta para reanudar mi más preciado proyecto, no teniendo las manos de esa manera. Así que con el dedo corazón de mi mano derecha voy acariciando el canto ondulado de las páginas usadas. Pocas.
Y encuentro al fin mi destino, la primera página impoluta tras el desastre creado antes. Después del primero, de amores pasados, de caramelos, de musicales, de castillos, de monedas, de nuevos sentimientos, de canciones...
Cojo un rotulador. Lo destapo. Y cuando lo acerco a la superficie blanca, él me guía. Traza unas líneas que solo yo comprendo. Y hoja tras hoja, se va creando un recorrido. Uno tras otro, cada espacio en blanco es cubierto, cada duda es tachada, cada sentimiento es coloreado.
Y al finalizar puedo contemplar con detenimiento cada una de las páginas. Una obra de arte. Un plan que fallará. Un sueño que quedará por cumplir. Un trazo que habrá que borrar. Una vida por vivir, reflejada hasta el final.


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