Cientos de promesas rotas, pedazos de verdades esparcidos entre las flores, lágrimas regando una hierba demasiado verde.
Belleza destrozada, belleza corrompida, belleza interrumpida.
Una conversación arañada con palabras hirientes como el filo de un cristal roto, en un idioma que sólo ellos comprendían, con unos gestos tan internacionales como el contexto del llanto.
Y el sonido quebrado y seco de un corazón derrumbado, terminal. Un latir muerto.

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