Tu fe era fuerte, pero necesitabas pruebas. Ni su belleza bañada por la luna podría contigo.
Pero te sentías roto, recordando aquella fría habitación sin ella, sin la certeza de la existencia de un dios que te pudiera salvar de todo aquello. Sentiste su sombra tras de tí, susurrando en tu oído, desdibujando palabras con sus dulces labios, y te fuiste.
Fuera, lejos, buscando la música que nunca entendió nadie, sintiendo el amor como una victoria que nunca llegó. La dulce oscuridad se movía hacia ti con cada uno de tus pasos, y te sumiste en ella.
Desapareciste.
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