Siento mis recuerdos como una película antigua, de largos besos, sonido enlatado y colores apagados.
Momentos a cámara lenta y con una emotiva banda sonora, con pinceladas dulzonas y cursis. Ratos de comedia muda, como las de Chaplin.
Torrentes de sensaciones, o notas difuminadas. Alguien olvidado que reclama su puesto en mi mente.
Y alguien demasiado cercano en el presente que exige que me acuerde de él de vez en cuando, que sea realista sin vaciar mi cabeza de pájaros, que me dé cuenta de qué estoy haciendo.
El presente no tiene otro color que el real, por muchos tientes que se le pretendar dar. El presente no da cabida a errores. El presente tiene consecuencias en el futuro. Pero en el presente, presente se debe tener lo pasado.
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