Dejo que los días pasen entre fotografías y canciones
bucólicas que me traen el recuerdo de tardes al sol del pueblo.
Huelo el aroma primaveral de las flores cuando aún es
invierno, escucho el ruido en la calle desde mi balcón abierto de par en par. Y
me acerco, dejo que la brisa bese todo mi cuerpo, cierro los ojos, y me dejo
llevar.
Y ahí están, las ligeras cortinas rozando mi brazo,
haciéndome sentir como si estuviera llamando a la puerta del mismísimo cielo.
Cada día adoro más mi balcón.

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