No tengo fe en el hombre, en su bondad ni en su capacidad de
raciocinio. No creo en el progreso, ni en la paz, simplemente porque no creo en
lo imposible.
No veo las armas nucleares almacenadas sin ningún propósito,
no auguro un futuro libre de amenazas y tensiones... No puedo imaginar las
ciudades como las conozco ahora, sino que son en mi mente montones de escombros
ensangrentados y cadáveres apenas tapados por el polvo.
Y espero no conocer nunca el más mínimo atisbo del dolor
producido por algo así. Si comienza la guerra, que me maten a mí primero.
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