lunes, 13 de mayo de 2013

Ya no queda nada




No tengo fe en el hombre, en su bondad ni en su capacidad de raciocinio. No creo en el progreso, ni en la paz, simplemente porque no creo en lo imposible.
No veo las armas nucleares almacenadas sin ningún propósito, no auguro un futuro libre de amenazas y tensiones... No puedo imaginar las ciudades como las conozco ahora, sino que son en mi mente montones de escombros ensangrentados y cadáveres apenas tapados por el polvo.
Y espero no conocer nunca el más mínimo atisbo del dolor producido por algo así. Si comienza la guerra, que me maten a mí primero.

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