Un, dos, tres... Un,
dos, tres... Un, dos, tres...
Antes marcaba yo el ritmo de tu vida, lo sé. Pero ahora no
tengo constancia de tí, de lo que el tiempo ha hecho de tus largas pestañas y
tu pelo grunge.
Fue bonito cuando pensé que sería para siempre, que las
caricias serían tan eternas como sus recuerdos en mi mente, que cada día me
susurrarías al oído una palabra más sin sentido que ornitorrinco. Sé que las
promesas de recorrer el mundo juntos ya no son más que gotas evaporándose hacia
el cielo, pero me gustaría pensar que no es así.
No quiero saber quién provoca tu sonrisa, ni quién despierta
a tu lado cada día.
Porque al fin y al cabo mi corazón está demasiado destrozado
como para seguir rompiéndose.
No hay comentarios:
Publicar un comentario