Un frenesí imparable de cuerpos acalorados moviéndose al
ritmo de la música, como si hoy fuera su última noche en la Tierra.
El sonido apagado de una botella rompiéndose, voces coreando
un estribillo, manos alzadas, luces parpadeantes.
Y toda la energía se derrama desde cada uno de ellos, como
una copa en el suelo, pegando cada vez un poco más los zapatos a los aulejos
oscuros.
Un pintalabios rojo, un retoque frente a un espejo sucio,
una nueva canción sonando.
Baby, tonight the DJ got me fallin' in love.
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