lunes, 13 de mayo de 2013

Ya no sabes lo que es, ni cómo llamarlo




Deja de mirar en todas direcciones, pareces un gato asustado.
Mira a tu lado, mira ese brillo que no deja de resplandecer y te empeñas en ocultar.
Sólo tienes que fijarte en la franquza de sus ojos cuando te habla. ¿O es que, acaso, no ves nada?
No te mientas. No le mientas. Es más fácil esconderse, simplemente, seguir caminando hacia adelante y no ver el rastro de desolación que todo esto está dejando a vuestro paso.
No quieres fijarte en la fragilidad del asunto, en la ligera máscara veneciana que disfraza vuestros sentimientos.
Para. No dispares una sola bala más. Hace falta una tregua.

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