Sol, y mi pelo brillando con destellos dorados. Los ojos
entrecerrados, y mis zapatillas mojándose con la hierba húmeda mientras avanzo
hacia el merendero; y a la llegada remangar mi camisa, tumbarme sobre la madera
tibia, y estar.
Escuchar una canción de Bob Marley, un retazo de
Pereza, una nota de AC/CD y sentirme libre, libre de un abrigo pesado, libre de
una carga pesada, libre de una clase pesada.
Un movimiento, un ruido, un roce: todo se intensifica. El
sol pega fuerte, mis ojos añoran las gafas de sol, y mi piel recibe con gusto
cada rayo.
Un recuerdo de la marmota Phil, que ha augurado la llegada
de la estación de las flores, una sonrisa, los dientes perfectos, las manos de
visera, una margarita en mi mente, una pipa inoportuna, una risa burlona.
Una hora perfecta.
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