Un pasillo con la luz apagada. Unas risas de fondo. Una
iluminación tenue de la habitación de al lado.
Avanzas, le encuentras, le besas. Le miras, pero no le ves.
Te guías: su cara, su cintura, su mano.
Dos acordes. Una frase. Una canción. Todo el entorno
desaparece, y caminais despacio, pegados. Y un beso. Otro. Una barandilla que
te devuelve a la realidad. Una pared que está en el lugar erróneo. Y más besos,
una caricia, un estremecimiento. Dos minutos de locura consecuente.
Un momento de banda sonora.
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