lunes, 13 de mayo de 2013

Un, dos, tres...



Como dos críos jugando al escondite, como el invierno cediendo paso a la primavera... Te fuiste con él, con las heladas a medianoche y las bufandas de lana, con el café caliente y el olor a quemado.
Y sólo dejaste en mí la marca de tus besos y de tu aroma, que se fueron borrando lentamente con el buen tiempo y las flores. Y a su paso desgarraron, destrozaron mi mente, arrasaron mi alegría.
Nada es eterno.

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