Como dos críos jugando al escondite, como el invierno
cediendo paso a la primavera... Te fuiste con él, con las heladas a medianoche
y las bufandas de lana, con el café caliente y el olor a quemado.
Y sólo dejaste en mí la marca de tus besos y de tu aroma,
que se fueron borrando lentamente con el buen tiempo y las flores. Y a su paso
desgarraron, destrozaron mi mente, arrasaron mi alegría.
Nada es eterno.

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