lunes, 13 de mayo de 2013

Nueve segundos


Es el tiempo que estuvimos tan cerca que podía contar las pestañas de sus ojos. El tiempo en el que su brazo rodeó mi cintura y me acercó a él preguntándome si estaba enfadada. Es el tiempo que tardé en reaccionar y en alejarme de él, porque me encanta, porque estoy enamorada de un gilipoyas, de un chulo, de un tonto que yo sé a lo que va. Pero me muero por sus huesos, y aunque quiero, no quiero, porque se que no debo.
En esos nueve segundos debió darse cuenta de mi rechazo a pesar de mis ganas de estar con él y de besarle como una vez ya le había besado.

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