lunes, 13 de mayo de 2013

Romeo, Romeo; Julieta, Julieta


Oh, aquí pondré mi descanso eterno y sacudiré el yugo de las estrellas enemigas quitándolo de esta carne harta del mundo.
Ojos, mirad por última vez, brazos, dad vuestro último abrazo, y vosotros, labios, puertas del aliento, sellad con legítimo beso una confesión sin término a la muerte rapaz.


Así, con un beso, muero.
Y el amante murió, con un beso entre sus labios, que nunca rozaron los de la amada antes del último aliento.
Y el aire enmudeció, esperando la respuesta de un cruento trueno sesgando el cielo.
Y las flores miraron desde el suelo, escondidas entre la alta hierba.
Y el músico dejó caer su arpa, que se quebró en el suelo en dos mitades simétricas.
Y los niños dejaron rodar su pelota por el suelo, cuyo ritmo inexorable le llevó a un charco de barro.
Y todo un pueblo contemplando la tragedia de los dos enamorados se encogió de dolor.
Y ella, antes de despertar, sintió en su sueño la caricia del último beso, que el alma de su amado arrastró hasta el cielo. Y los pelos de su nuca se erizaron, y su estómago se contrajo en un nudo, y su cerebro dió una sacudida, y sintió el palpitar de su corazón en cada una de las partes de su cuerpo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario